El bruñido (honing) representa un proceso crítico de mecanizado final, donde el objetivo es lograr una microestructura superficial específica, no solo precisión dimensional. Esta bruñidora utiliza un proceso abrasivo de baja velocidad que, a diferencia del rectificado, no introduce tensiones térmicas extremas en la capa superficial del material. El resultado es una superficie con una estructura característica de trazos cruzados (cross-hatch), necesaria para la retención de lubricante en cilindros hidráulicos o camisas de motores de combustión.
La inversión en una bruñidora usada permite a las empresas la integración vertical de la producción, es decir, trasladar las operaciones finales bajo su propio techo. Con ello se eliminan costes logísticos y riesgos asociados a las cooperaciones externas.
Factores económicos principales:
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